Memorias

¡Aquí no es como allá! Un canto a la nostalgia.

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POR: JESSICA DURÁN

Hace algunos años cuando recién llegué al país de los sueños, donde supuestamente “fluye leche y miel” (USA), y al conocer salvadoreños que tenían muchos años de residir aquí, me llamó la atención  una frase muy peculiar que repetían constantemente, “AQUÍ NO ES COMO ALLÁ”, decían  haciendo referencia a que en la nueva nación que nos acogía todo era mucho mejor.

Que las señales de tránsito aquí se respetan pronunciaban, porque aquí no es como allá que uno le da “mordidas a los policías” y hasta ahí llego la multa decían, además aquí uno come “con que” se referían algunos al decir que la alimentación aquí por muchas obvias razones es muchísimo más abundante que en nuestro país. Esa y muchas otras frases eran repetidas en cualquier conversación.

Yo como toda persona educada me limite a observar y escuchar atentamente los nuevos consejos que nos daban, sintiéndose dichosos aquellos de cumplir con su compromiso de ayudar y orientar a sus nuevos compatriotas; pero en el fondo de mi corazón pensaba que triste y frustrante era ver como nuestra gente lamentablemente  a pesar de haber nacido y crecido  en nuestro pequeño terruño jamás lograron establecer un lazo de amor a su tierra. Tal vez sea porque  les tocó padecer hambre, fríos, violencia o cualquier otro problema que es característico de nuestra nación.

Pero en realidad eso no justifica su desamor a la patria que los vio nacer, porque al igual que ellos yo también padecí todos esos infortunios por el hecho de haber nacido en un país pobre, pero logré ver todas las cosa bellas que la nación le regala a todo aquel que la mira con amor. Pero más lamentable es  ver que no se dan cuenta que no son  los únicos, son miles de latinoamericanos que sufren los mismos problemas, pero la diferencia está en que a los salvadoreños jamás les enseñaron el amor a la patria, porque yo conozco muchos mexicanos, colombianos, peruanos, etc, que pasaron por las mismas penurias pero el amor, el lazo a su patria es admirable y envidiable.

A pesar de todo ello, yo me rehúso a creer que somos pocos los que sí logramos desarrollar ese apego a lo nuestro, por eso cada vez que hay oportunidad expando y contagio al que pueda de la fiebre patriótica, con el sabor de nuestra comida, con las canciones de nuestros pueblos, con el color AZUL Y BLANCO.

Y ahora, seis años después de residir en esta tierra extranjera le doy la razón a esos compatriotas y les digo “sí,  aquí no es como allá”, porque allá en ese paisito que muchos decidimos abandonar, ese número uno de la lista de  los más violentos, allá encontré a mis mejores amigos aquellos que me han acompañado en los buenos y malos momentos de mi vida,  esos que saben reír y llorar contigo, esos que aquí no he hallado porque todos están tan ocupados luchando por lograr un sueño para el mañana y se olvidan de vivir el hoy.

Sí, claro aquí no es como allá, porque allá  en ese pedacito de tierra he disfrutado de las mejores comidas que mi paladar haya saboreado porque es comida fresca, recién cocinada, elaborada con amor, amor que ninguna abundancia puede superar, y lo mejor de todo la disfrutamos en compañía de los que amamos y que nos aman.

Aquí tal vez logramos tener el lujo que un día deseamos, quizá también logramos aquellas vacaciones soñadas donde visitamos lugares impresionantes y maravillosos, llenos de belleza natural, seguridad y placeres, pero nada de eso se compara con un fin de semana en familia en la playa donde todos comimos pollo campero o el sopón de gallina india cocinada por la abuela, ese momento que nos dejó muchísimos recuerdos bonitos, aquellos que a pesar de que pasen los años jamás se borran de nuestra memoria.

Sí, mis estimados compatriotas aquí no es como  allá, porque aquí aunque tengamos todos los beneficios sociales que implican protección al trabajador no se comparan con las tardes de café con pan dulce  de las oficinas; ese acceso a hospitales públicos de lujo fríos los cambiaría con gusto por los cuidados acogedores de la abuela; y esos parques recreativos con lagos y flores que hay por todos lados, no se comparan con los momentos de paz y alegría que traen una tarde en la esquina de mi casa comiendo pastelitos o yuca con chicharrón de la señora vecina; todos esos centros comerciales de lujo los cambiaría por la regateada y el folklor de las vendedoras de la “quinta”, quienes casi te arrancaban los brazos buscando entrar a los compradores a sus puestos con el clásico “que va llevar mi amor, pase adelante, le voy hacer precio”.

Por todo esto y mucho más vuelvo asegurar que SÍ, AQUÍ NO ES COMO ALLÁ, allá en mi terruñito EL SALVADOR, la amabilidad, sonrisas, cordialidad, y humildad de nuestra gente es mil veces mejor que AQUÍ.

¡AMO A MI TIERRA QUERIDA EL SALVADOR!!!!!

P.D. este es un canto de nostalgia por lo nuestro, porque a pesar de tener ese vacío por mi tierra, estoy muy agradecida con la tierra del tio Sam por todo lo bueno que me ha regalado en el transcurrir de estos seis años.

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Una historia de CANDY CANDY…

Por: Jessica Durán

Imagino que si fuiste una chica adolescente  en los noventas conociste la historia de la bella y simpática CANDY CANDY,  y supongo que al igual que yo te enamoraste de alguno de los personajes de la caricatura.

Yo siempre soñaba con vivir algunas de las aventuras vividas por la dulce CANDY, viajar por el mundo y conocer algún chico parecido a sus enamorados, pero como dicen por ahí ten cuidado con lo que desees porque tus deseos se pueden hacer realidad.

Pués aquí inicia mi historia de CANDY CANDY….

Era una tarde de verano del año 2001, me encontraba triste y destrozada por un sinfín de problemas familiares vividos en esa época,  recuerdo haberme sentado frente a mi casa para desahogar mis penas, limpiando las lágrimas que resbalaban de mis ojos y entre ojos brillosos escuché una voz  que cambiaría mi vida para siempre.

–         ¡No llores!- dijo-¡Estoy seguro que te ves más linda cuando ríes que cuando lloras!

Al escuchar esas palabras levanté mi rostro y me encontré con la imagen más bella que jamás había imaginado, era un chico rubio, de ojos verdes maravillosos, tenía un rostro espectacular, parecía que mi sueño de conocer a un chico como ANTHONY de la bella CANDY CANDY  se había hecho realidad, aunque por un momento pensé que era un ángel que Dios me había mandado para consolarme.

–         ¡Me llamo Jhonny! –Se presentó-

Me quedé muda ante la imagen celestial que aparecía frente a mí, no dije ni una palabra. Él me dejó su pañuelo para secar mis lágrimas y luego me dijo adiós.

Su aparición hizo que mis penas fueran olvidadas por un momento, aunque  luego de unos minutos volvieron hacia mí. Pero su llegada  cambió para siempre mi vida.

Fueron muchos los meses que mi consuelo y alegría llegaban con sólo verlo pasar, porque su valentía de hablarme ese día no volvió a suceder, parecía que su timidez era más fuerte que sus deseos de conocerme, según me comentó luego un amigo en común.

Pero un día se armó de valor, me invitó a salir. Su propuesta llegó a través de ese  amigo, y fue así como  salimos a pasear juntos.

Desde ese día nuestra amistad creció hasta convertirse en amor, recuerdo muy bien el día que me declaró sus sentimientos, sus manos temblaban sin parar y sus labios color cereza se tornaron verdes como el limón. Estaba muy nervioso pero logró sacar las  palabras de su boca.

–         ¡Quieres que nos conozcamos más allá! – Expresó.

–         ¡A dónde más allá ¿en la cocina?- le dije burlandome de su nerviosismo-. Rompimos en carcajadas y en ese momento iniciamos una relación de ensueño, maravillosa y llena de muchas aventuras.

Recuerdo una de las mejores Navidades vividas juntos, me invitó a su casa y disfrutamos de una velada romántica, nos reímos, abrimos los regalos, vimos las estrellas y pedimos muchos deseos a ese cielo estrellado, pero al pasar de unas horas me di cuenta que tenía que volver a casa, pero como era de esperarse siendo casi media noche no encontramos transporte para volver. Empezamos a caminar, correr y hasta me cargó en su espalda por algunos momentos, y como regalo  de cierre de la velda de pronto el cielo se iluminó de colores, los fuegos artificiales que anunciaban  las doce de la noche habían iniciado, nos detuvimos para contemplar la belleza  que el cielo nos regalaba. Fue maravilloso vivir esa aventura.

Así como esa historia, fueron muchísimos los instantes que disfrutamos juntos.Éramos completamente felices, él era mi príncipe soñado y yo su princesa bella, era un sueño del que nunca quería despertar, parecía que mi historia de CANDY CANDY se había convertido en realidad.

Toda esa felicidad  me hizo olvidar el triste desenlace de ANTHONY  en la historia de  CANDY CANDY… sí  como se imaginarán mi historia terminó igual que mi caricatura favorita, sólo que en vez de un caballo blanco mi tragedia sucedió  en un microbús blanco, donde mi príncipe JHONNY fue asesinado en un asalto a mano armada una tarde de domingo.

Recuerdo que sus últimas palabras las escuché al otro lado del teléfono, una semana antes de mi cumpleaños, cuando me llamó para recordarme que tenía una sorpresa para esa fecha especial.

– ¡Te amo mi princesa! –    Me dijo-   ¡Nunca olvides que te amo, y que mi corazón siempre será tuyo!-

Ese regalo nunca llegó, me quedé esperando la sorpresa , ya que  dos días antes de mi cumpleaños mi príncipe de ojos verdes y de rostro angelical,  había partido de este mundo terrenal hacia el celestial.

En memoria de Jhonny Alberto Bran Guevara

1982-2005

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